20.4.06

Museo Sorolla

Madrid, 16 de abril de 2006, mañana soleada y fresca.
Entramos en el jardín de la casa, porqué además de un museo, era su casa; creo que aun es su casa. Unas plantitas frescas y reverdecidas nos saludan, y el canturrear del agua nos acuna.
¿Que tiene esa casa que me estremece de placer?
La huella de un hombre, su arte, su sencillez de forma y de fondo.
La habilidad de hacer elegante los simple.
Tuve ya un encuentro con él y su obra. En esta segunda ocasión ya sabía a que atenerme.
El baño del caballo es un cuadro que la primera vez me dejó perpleja. Esta segunda vez ya no me sorprendió por el lugar donde estaba situado, pero me causó una profunda impresión emocional. Esta vez lo sentí vibrar ante mis ojos de tal forma que se me rompió la voz y lloré. No puedo evitarlo. Creo que me sucede frente a esa imagen, lo más parecido a eso que llaman el síndrome de Stendhal, la belleza sentida hasta límites insoportables para la percepción.
Aquí dejo el enlace de la web. Si váis a Madrid no dejéis de visitarlo, es un lugar extraordinario.

En uno de los escalones del jardín, tropecé y me caí. Todavía me duelen varias partes del cuerpo, y a pesar de todo, volveré por poco que pueda a ese pequeño gran oasis de ternura.

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